Ricardo Forriols
Si acaso una posibilidad (ejercicio con lo informe)
Tríptico Espai Tactel JustMad 2014
«Hace falta una buena cabeza para explotar los lances afortunados, dominar los hallazgos, y acabar.» Eso es lo que señaló Paul Valéry mientras escribía a propósito del suelo, Edgar Degas y lo informe, sobre la pérdida de la anatomía, la perspectiva y la razón en la práctica de la pintura moderna. Cabezas, rostros, es lo que pintaba Javi Palacios hasta hace un tiempo; caras rotundas y expresivas que centraban la mirada y la pintura, que increpaban y se imponían al espectador desde su gran escala, todo el lienzo, con la gesticulación de sus facciones (ojos abiertos al máximo, cerrados con rabia, respiraciones, muecas en la boca, apretar de dientes) y la potencia de una técnica cada vez más depurada y pictórica —barroca en el sentido establecido por Heinrich Wölfflin.
Pero estos últimos trabajos marcan nuevos derroteros: la incursión en imágenes más poéticas y sintéticas en las que una suerte de bolsas de plástico flota sobre el soporte, aparecen y figuran una posible representación del alma (como en la película 21 gramos). Hemos conversado mucho al respecto del hallazgo del elemento prosaico y cotidiano de esas bolsas para construir una imagen sobre la condición humana y nuestra propia existencia que asume un claro sentido metafórico, si acaso extraño pues la clave primera se encontrará en una cita de Michel Houellebecq1.
Javi Palacios forma parte de una joven generación de pintores que han tomado el pulso de la figuración planteando de una manera muy singular una reflexión sobre lo que se dice con la pintura desde la pintura, hundiéndose en la tradición al tiempo que fija referencias muy posmodernas, transversales y extrapictóricas —otra clave es sin duda el humor de Erwin Wurm— para reformular aquello que se dice o que se puede decir pintando.
Lo fundamental a partir de ahora será entender que las formas que aparecen en estas obras de Palacios, ya sean plásticos arrebujados o almas, ¿mondaduras?, son entes, cosas que son, existen o pueden existir, entidades quizás ridículas o extravagantes que muestran su misma volatilidad contemporánea a la vez que la propia construcción de la imagen nos hace pensar en el tratamiento virtuoso de los ropajes en la pintura de Tiziano.
¿Y lo fluorescente? Es esa luz que emana del centro, de otra forma contrapuesta que percibimos pero que no sabemos ni podemos deducir, irreducible por abstracta, rara por desacostumbrada, que ocupa y nos ordena el espacio si bien —como nos enseña el ejercicio con lo informe— no debemos «confundir lo que se cree ver con lo que se ve» porque, como acertó a escribir Valéry, las presencias singulares y «las formas informes no dejan otro recuerdo que el de una posibilidad…»2
1 «He pensado en eso durante toda la tarde, y no he podido escapar de esta conclusión: el arte contemporáneo me deprime; pero me doy cuenta de que representa, con mucho, el mejor comentario reciente sobre el estado de las cosas. He soñado con bolsas de basura rebosando de filtros de café, de mondaduras, de trozos de carne en salsa. He pensado en el arte como mondadura, y en los pedazos de sustancia que se quedan pegados a las mondaduras.» Michel Houellebecq, “El arte como mondadura”, en El mundo como supermercado. Barcelona: Anagrama, 2000, p. 75-76.
2 Paul Valéry, “Del suelo y de lo informe”, en Piezas sobre arte. Madrid: Antonio Machado, 2005, p. 42-45.